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2004
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¿Rectificará alguien?

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Abendua 30 | 2004 |
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Editorial

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Archivada la querella contra Atutxa y otros miembros de la Mesa del Parlamento Vasco, deja de ser políticamente correcto acusarles de connivencia con el terrorismo

Desde que el Gobierno presidido por Aznar abrió la veda, los últimos años de la pasada legislatura fueron un rosario de andanadas contra el nacionalismo vasco que, con razón o sin ella, fue pasto de columnistas, opinadores y políticos situando a esa ideología política en las lindes de lo democráticamente soportable.

Especialmente vulnerable a las críticas y denuestos fue la decisión del presidente del Parlamento Vasco, Juan Mª Atutxa, y los miembros de la Mesa Kontxi Bilbao y Gorka Knörr de no disolver el grupo de Sozialista Abertzaleak después que el Tribunal Supremo dictara un auto en ese sentido. Le llovieron chuzos al en otro tiempo apreciado consejero de Interior y de él y sus compañeros de decisión se dijeron auténticas barbaridades dando por hecho que se recreaban en el desacato con tal de proteger a los batasunos. Sin ningún recato se propaló la falsa idea de que era Atutxa quien impedía limpiar de etarras el Parlamento Vasco, como si la disolución del grupo SA hubiera supuesto la desaparición de la izquierda abertzale de la institución.

 

Mentiras, insultos y brutales acusaciones contra Atutxa y sus compañeros han venido siendo proferidas en ámbitos institucionales y mediáticos con la naturalidad y el desparpajo de lo políticamente correcto.

Ahora, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco ha decidido archivar la querella interpuesta por la fiscalía general y el colectivo Manos Limpias porque la orden del Supremo supuso “la vulneración de derechos fundamentales” de SA y ni Atutxa ni la Mesa cometieron infracción legal alguna al defender la autonomía parlamentaria. Queda así desactivada una de las iniciativas judiciales nacidas del impulso político derivado de la estrategia del PP, cuando el poder judicial, con el fiscal general al frente, protagonizó una de las más tristes etapas de su historia.

 

No es posible olvidar ahora que, en ese mismo impulso político, el Parlamento navarro se apresuró a renunciar a su soberanía, a tragarse su dignidad, para modificar lo que hiciera falta, para seguir la corriente entonces imperante y cumplir vergonzantemente la voluntad del Gobierno del PP disolviendo el grupo de SA. En Navarra, al parecer, no podían consentirse delincuentes como Atutxa.

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