En Gasteiz el nacionalismo vasco -de varios signos- es mayoritario, y eso Madrid quiere ocultarlo, y habla de equidistancias ante el Plan Ibarretxe y la oposición. En todo caso, SA puede forzar las cosas hacia el no desde la inopia o la entelequia de una Euskal Herria todavía hoy irreal (sobre todo, mirando desde el panorama de
El PP Y PSE ( y el intelectualismo nacionalista español) vuelve a saludar como una tremenda equivocación el Plan Ibarretxe, a veces desde un choteo ridiculizante (aunque, en el fondo, les produce un miedo muy serio la consulta de Ibarretxe al Pueblo Vasco). Invocan en sus argumentos la salida del abertzalismo vasco hacia mitos desfasados ‘‘de pueblo original’’, hacia revindicaciones pretéritas de ‘‘derechos históricos’’ reinventados, hacia ‘‘darwinismos y organicismos conservadores’’, hacia ‘‘idolatrías del euskara’’, etc. Tales intelectuales y partidos engañan, porque disimulan su ininterrumpido nacionalismo español (de mayor metafísica que el de la denostada nacionalidad vasca), pues su españolidad se ha montado tradicionalmente sobre mitos bastante más burdos que el de Aitor y el Árbol Malato, como son los de Santiago Matamoros, El Pilar de Zaragoza (o el rechazo endogenista secular del castellano al moro, al que le echó de la península en nombre de la unidad de la lengua común y de la fe).
El debate del Plan Ibarretxe va a empezar a andar con el desprecio y el escándalo del nacionalismo español, a pesar de que el estatuto de Ibarretxe pide casi las mismas cosas que el nuevo estatuto catalán en proyecto (en efecto, en Barcelona, más o menos, se pide lo mismo que aquí, esto es, un órgano propio de justicia, unas competencias serias en lo económico, una enseñanza real del bilingüismo (aunque aquí siga más vigente la vergonzosa diglosia del euskara), una representación propia de las selecciones en el mundo del deporte, etc...). Todo esto es inaceptable en el caso delirante del Plan Ibarretxe para el PSOE (pero no lo es en el de Maragall...). ¿Cómo se entiende esto?
El nacionalismo solapado del intelectualismo posmodernista español (y el criptonacionalismo español del PSE -más el orgulloso patrioterismo del PP de los ocho últimos años-) ha saludado el Plan Ibarretxe de aberrante, de algo tremendamente antidemocrático que divide y resquebraja la sociedad vasca, así como de andamiaje pseudojurídico que destruye y crispa egoístamente la sociedad vasca, Etc. Pues bien, a pesar de todo ello, en la base del Plan de Ibarretxe está eso tan democrático como el consultar al pueblo.
Sin consulta al pueblo su plan sería una imposición, un acto de revindicación antidemocrática de lo vasco. Ibarretxe presenta el derecho de cualquier pueblo para manifestarse con quien quiere vivir ligado o casado, y ello respetando la mayoría (aunque hoy tal mayoría peligra por una postura incomprensiblemente ingenua de Sozialista Abertzaleak). PP y PSE patalean, se crispan, ridiculizan desde su solapado nacionalismo español lo de Ibarretxe, y temen el referéndum al Pueblo Vasco. Tales partidos no quieren debatir el plan propuesto. ¿Pero, cómo pueden creerse demócratas a pesar de su inconfesado miedo a lo que es el más sincero ejercicio democrático, esto es, la consulta al pueblo? Todo el misticismo de ciertos intelectuales al servicio de la patria española (y del partido de Aznar en lo últimos ocho años) se desmorona ante una cosa tal sencilla como la pedir una consulta al pueblo... Ante ello se vuelve a ridiculizar el nacionalismo vasco, se habla de una recuperación obscena de la tradición abertzale, de una reinvención gratuita de lo vasco, y de otras lindezas... ¿Es que de eso mítico y reinventado no tiene retazos bastantes más vergonzantes el nacionalismo español (hoy aflorante sin pudor, por ejemplo, en el expansionismo de la lengua española -que hablan 450 millones de seres en el mundo-, pero sin examinar nunca en serio que el castellano en Sudamérica se ha impuesto a costa de la muerte de más de quinientas lenguas amerindias)? La lengua española no admite, señores, bilingüismos en Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala, México, etc. ( y tal atropello es sostenido sin autocrítica seria por el nacionalismo del PP y PSOE). ¿Quién es más nacionalista?
El segundo gran punto a dirimir es la postura de Sozialista Abertzaleak ante el Plan Ibarre-txe. Ellos son, incomprensiblemente, partidarios del todo o de la nada, y ello a pesar de las últimas matizaciones de Anoeta. O toda Euskal Herria, o nada de Euzkadi (aunque éste sea hoy el marco de los dos territorios más potentes económica y demográficamente del hecho histórico vasco). Cómo se puede ofrecer el argumento del territorio total cuando en Navarra el nacionalismo abertzale apenas llega al 22% y en Iparralde al 8%? ¿En nombre de qué entelequia inútil se puede dudar ante el Plan Ibarretxe pretendiendo ser más fiel a toda Euskal Herria? Este juego del no es hoy terriblemente estéril (y ello lo decimos por si SA se abstiene en este mes de diciembre...). Precisamente, el Plan Ibarretxe pretende actuar desde una pedagogía realista sobre tres territorios -que comprenden casi el 75% de toda la realidad social vasca- (pues, Navarra sólo supone un 18% del hecho vasco, e Iparralde un 8% del total). Lo de Ibarretxe (ante eso imposible total) se presenta como algo racional. El todo o nada es algo terriblemente estéril, y eso lo debe de saber ya SA. Las abstenciones de SA van a reafirmar, en el fondo, el rechazo del nacionalismo español de PP y PSE al referido Plan. Un abertzale medianamente cauto no puede entender tal ceguera política.
El flanco nacionalista español ya ha dicho que se niega al debate. Es su lógica antidemocrática. Pero al SA no le entendemos, y, menos, si su salida va a cargar el Plan con su abstención. Para nosotros, en el hoy de nuestra realidad política, el Plan Ibarretxe es casi la única tentativa lógica de reconstrucción seria del País. Lo demás puede ser, o puro choteo indecente del nacionalismo español (aunque esconde un miedo acérrimo a toda consulta al pueblo), o bien, el seguir invocando la babia de una Euskal Herria irredempta y total, imposible de lograr por hoy. Hay que empezar por algo, y, eso sí, consultando al pueblo. Es hora de que Sozialista Abertzaleak no cometa un nuevo disparate; difícilmente lo entenderíamos.
Luis María Múgica es catedrático de Filología Vasca en