Haciendo patria

Haciendo patria
03
Abuztua
Iritzia

Se han cumplido ya 124 años desde que de la mano de Sabino Arana comenzara su andadura una organización  nacida como una herramienta al servicio de  un objetivo político; la construcción de la nación vasca, Euskadi.  Un siglo y cuarto ya  de tránsito  del Partido Nacionalista Vasco, una organización  creada a modo de movimiento cuya pretensión  fue aglutinar a todo el espectro social  que se identificara con una causa  política  que reivindicaba  la recuperación de la soberanía foral  perdida tras las guerras carlistas y que engarzaba tal planteamiento histórico con el principio moderno de las nacionalidades.

Y todo ello bajo la premisa básica del humanismo o de defensa escrupulosa de los principios democráticos. Podrá profundizarse más en las condiciones objetivas de la sociedad vasca que prodigaron  el alumbramiento del PNV. Podrá interiorizarse más o menos en la doctrina del momento. Pero, por simplificación, podremos afirmar  que el nacionalismo vasco  prendió  al calor  de una proclama bien sencilla; que “Euskadi es la patria de los vascos”. Así dio sus primeros pasos el PNV, un partido  que gravitaba exclusivamente  en la cimentación de una estructura política de nueva planta que recuperara  sus elementos identitarios y culturales  genuinos. Un país, un Estado independiente, homologable a las estructuras políticas del momento , Ni que decir tiene que tarea asignada partía con un hándicap importante; la sociedad a la que iba dirigida la propuesta vivía asimilada por una legalidad, unas instituciones, unos poderes reales  uniformadores que habían  impuesto la “unidad constitucional de la monarquía” española y que había eliminado cualquier vestigio  de diversidad política, cultural, lingüística que secularmente habían servido como elementos tradicionales de statu quo.  Empezar desde cero  y además enfrentándose a un estado centralista  de nuevo cuño. Europa debía ser la solución. Una nueva Europa, un nuevo proyecto  que por entonces estaba aún muy lejos pero que se observaba por el nacionalismo  como un firmamento de estrellas federalizante. Un proyecto de pueblos, de naciones   que convivirían  compartiendo  parte de su propia soberanía. Muchos han sido los avatares que en todo este tiempo han azotado al veterano partido surgido a finales del siglo XIX.  En este tránsito han desaparecido imperios, se han creado estados que posteriormente se han fraccionado. Las fronteras se han movido  de un lado a otro y la tragedia de la guerra, en uno y otro escenario,  ha sacudido  a un continente en el que el Partido Nacionalista Vasco se constituye en una excepción de formación centenaria que aún sigue viva. No en vano, en el Estado español es, junto al Partido Socialista Obrero Español, la única referenciahistórica con representación institucional. Y con responsabilidad de gobierno. El fruto del quehacer político del nacionalismo vasco está a la vista. Un país próspero, moderno, que ha recuperado su idioma, con un importante apoyo de conciencia nacional que le ha permitido acceder a un grado de autogobierno destacable con instituciones propias capaces de hacer frente a la mayoría de los problemas  que le reclama la ciudadanía. El camino recorrido hasta la fecha es largo y fructífero. La “construcción nacional”  se ha ido forjando día a día, generación a generación, transformando  la realidad vasca en una nación homologable a cualquier otra que pueda actuar en el concierto internacional. Aunque  le falte reconocimiento explícito como tal y su articulación jurídico-política  se encuentre fragmentada en dos estados y en tres entes  político-administrativos. Sí, queda recorrido. Es indudable, pero si pudiéramos volver la vista y contemplar desde dónde venimos,percibiríamos la grandeza del trabajo realizado. Más aún, teniendo en cuenta  los años de oscuridad y de violencia que lastraron nuestro avance, dificultando seriamente cualquier paso hacia la libertad nacional.

La transformación generada en el conjunto del Pueblo Vasco, lejos de hacer mella en el “viejo” partido, lo conserva vigoroso y robusto. Y es que como dijera Giulio Andreotti, uno de los “animales políticos” más genuinos del pasado siglo, "el poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene".

El cuadro de “fortaleza” del PNV actual lo componen  1060 concejales/as en la Comunidad Autónoma, 123 alcaldes/as, 62 apoderados/as a juntas generales, 28 parlamentarios/as vascos, 6 diputados/as a Cortes, 10 senadores/as, 1 eurodiputada, 1 lehendakari, tres diputados generales (responsabilidad de gobierno en la Comunidad Autónoma y en los tres territorios históricos). Además de los 9 parlamentarios/as de la coalición “Geroa bai” que formará parte del futuro gobierno navarro con responsabilidad en cuatro carteras.

Se trata, sin duda, de una posición  sólida como jamás en la historia reciente había tenido el nacionalismo vasco. Al menos desde su escisión en los años ochenta.  Una salud envidiable si tenemos en cuenta que ni las crisis, ni los años de responsabilidad han mermado el grado de identificación de su proyecto con la ciudadanía vasca. El dato más próximo al contraste electoral  constata que cerca del 38% de los votantes que depositaron su sufragio en las urnas  respaldaron a esta organización, al PNV, en la Comunidad Autónoma Vasca.

Esta “foto fija” del mapa político vasco no pretende ser una demostración de soberbia ni un ejercicio de vanidad. Al contrario. La instantánea aquí reflejada tiene como objetivo  reconocer, con humildad,  que el grado de robustez de esta organización centenaria, líder destacada en el país, debe permitirle, si quiere mantener viva su vocación de servicio a la “causa vasca”, proceder a una nueva reflexión sobre el papel a desarrollar en el futuro inminente.

Con la fortaleza  externa que dispone y con la unidad interna en la que desarrolla su actividad, el PNV debe  interiorizar, una vez más, sobre los desafíos que Euskadi va a tener que afrontar en este mundo cambiante que nos está tocando vivir. Sin alterar la doctrina ni la estrategia básica que orienta su ideología. Pero atendiendo a diferentes miradas sobre cómo mejorar el país que tenemos. Cómo optimizar sus recursos. Cómo afrontar la crisis poblacional a la que nos enfrentamos en una sociedad envejecida como consecuencia de la calidad de vida que hemos alcanzado.

El PNV debe reflexionar –como siempre lo ha hecho- para no perder comba con la evolución que la sociedadprotagoniza. Para atender más adecuadamente laspreocupaciones de la gente, sus esperanzas y oportunidades. Para ofrecer un mejor servicio público escuchando a la juventud. A sus inquietudes de futuro, de hacer compatible el desarrollo con la conservación de la naturaleza. De cómo afianzar la igualdad real entre mujeres y hombres en una nueva sociedad en la que se imponen los valores de la diversidad, el respeto y la solidaridad.

Sí, el PNV –más allá de la tensión electoral- debe volver a hacer un ejercicio de formación continuada. Y deberá, igualmente, comenzar a abordar un debate complicado como es el de hacer frente a la crisis de participación de la ciudadanía en las responsabilidades públicas. Abrir las puertas de la participación política de quienes no se sienten identificados por una disciplina de afiliación. Por facilitar cauces de colaboración activa con la periferia de su masa social para ensanchar el ámbito compartido de responsabilidad.

Y, ojo, si fuera preciso, flexibilizar algunas de las medidas cautelares que diferencian la estructura jeltzale. Hacerla más operativa a los tiempos que corren. Guardando la grandeza del sentido de sus incompatibilidades, pero, sin traumas, atendiendo a las necesidades que impone una gestión que cada vez se pide sea más eficaz y competente. La mirada interna que el PNV deberá abordar en el próximo año , va más allá de la evaluación de sus liderazgos y de la continuidad o no de sus equipos dirigentes. Es la necesaria puesta a punto de una organización que pretende seguir sirviendo como el instrumento más adecuado para hacer realidad esa patria de los vascos que es Euskadi. Bajo ese desafío, el Euzkadi Buru Batzar, ha decidido celebrar el próximo año –el 2020- su 125 aniversario. Una efeméride en la que la Asamblea General  deberá, una vez más, poner a prueba la capacidad del PNV por servir mejor al país por el que nació y por el que dedica todas susenergías. Un siglo y un cuarto haciendo patria.

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