Jose Maria Cazalis
09Azaroa
2016
09 |
Iritzia

Ortodoncia política

Jose Maria Cazalis
Azaroa 09 | 2016 |
Iritzia

Hoy en día, casi todos sabemos lo que es la ortodoncia. Seguro que alguno de nuestros hijos, sobrinos o nietos la han soportado. Simplificando, la ortodoncia consiste en hacer que cada diente tenga y se sitúe en su lugar adecuado de la boca y pueda interactuar con el resto de las piezas, permitiendo una masticación y deglución armónicas y adecuadas, y mejorar, también, otras cuestiones como la fonación. Si los dientes no “encajan” correctamente, no pueden cumplir con su función de cortar y machacar los alimentos, y las digestiones se complican y aparecen los problemas digestivos. Además, el “no encaje” puede acabar afectando y deteriorando las articulaciones entre la mandíbula y el cráneo, lo que provoca aún más discapacidad. Incluso, aunque no debería de ser lo más importante, también mejora la estética de la boca y de la cara. Incluso igual hasta se liga más.

Por lo menos hay dos principios rectores esenciales en la práctica de la ortodoncia: Primero, hay que saber cómo es la realidad de la boca en general; ver los tamaños y las características de los dientes, la lengua y los labios, o los hábitos del paciente. También hay que estudiar la configuración de sus huesos con la cefalometría y, además, ser capaces de anticipar cómo y cuánto van a crecer (el patrón morfogénico) los huesos de la cara y del resto del macizo craneal de cada paciente. Se trata de predecir hacia dónde y cuánto crecerán los huesos y así planificar hacia donde se pueden y deben de “llevar” los dientes, de forma que todo crezca y se desarrolle de forma armónica y equilibrada.

Esta es la parte más complicada e importante del proceso, para la que hacen falta una alta especialización, muchos conocimientos y una gran experiencia. El otro principio en el que se basa la ortodoncia es el de hacer pequeños movimientos, bien calculados y convertir las nuevas situaciones en escenarios estables. En realidad, los dientes se pueden desplazar y desviar de forma espectacular, casi milagrosa, en muy pocos días. El problema es que si el movimiento es muy brusco, podemos acabar poniéndolos en riesgo de perderse. Además, los dientes tienen una especie de “memoria biológica” y tienden a volver a su posición natural. Por eso, los movimientos en ortodoncia son muy lentos y paulatinos, y los tratamientos duran tanto. Hay que procurar mover todo el conjunto un poco cada vez y en la dirección planificada. Mover y mantener, para dejar que el hueso se remodele alrededor del diente y los tejidos que lo rodean se vayan adaptando a su nueva situación y vayan consolidando la pieza en “su nuevo estatus”.

Cuando pienso en la política vasca, siempre me viene a la cabeza el proceso de la ortodoncia y sus dos principios básicos. Por un lado, conocer la realidad del país, la estructura de la sociedad, los recursos disponibles y las realidades del entorno que nos rodea, además de algo tan importante y esencial como conocer lo que quieren y a qué aspiran los ciudadanos. Por otro lado, hay que saber “leer el futuro” e identificar hacia dónde pueden ir el mundo y Europa, y planificar la manera de avanzar y adaptarnos lo mejor posible al porvenir. Para esto, como en la ortodoncia, no basta con tener conocimientos políticos teóricos avanzados; es esencial, también, tener disposición para la observación y el análisis, mucha experiencia y capacidad de anticipación. Y haber aprendido de la historia y de los errores propios y ajenos. Por último, la técnica de pequeños movimientos es, probablemente también en política, la que mejor permite “construir” un país y una sociedad equilibradas.

En el caso de una nación como Euskadi, que históricamente ha sufrido la injerencia de dos potentísimos estados (España y Francia) en su historia y la sigue padeciendo, pretender cambiar las cosas de la noche a la mañana solo puede llevar a callejones sin salida y a un sufrimiento inútil. Nuestro objetivo tiene que ser seguir caminando, paso a paso, hacia el objetivo marcado, que no es otro que ser una nación, con una sociedad equilibrada y solidaria, en el seno de una Europa prospera y justa.

La “ortodoncia política vasca” debe de consistir en mejorar la calidad de vida de la gente. Poco a poco, constantemente, sin prisa pero sin pausa. Haciendo que estas mejoras alcancen a toda la sociedad y sean estables y duraderas en el tiempo. Esta será la única manera de convencer a los ciudadanos de que merece la pena apostar por la “vía vasca” de progreso…y por nuestro País.

De nada sirve hacer movimientos rápidos y extremos, para tener una sonrisa “fashion” que parezca perfecta, si las piezas no encajan y no se puede cerrar la boca para masticar. Tal vez quedemos más guapos en lo inmediato, pero no sobreviviremos, porque no podremos alimentarnos adecuadamente, acabaremos enfermos y debilitados o, en el peor de los casos, desapareceremos.

Por eso es importante no dejarse embaucar por los cantos de sirena de presuntos “ortodoncistas políticos de mercadillo”, de nuevo cuño o de vieja estirpe. Cuidémonos de quienes prometen resultados rápidos e imposibles o de los que solucionan los problemas a base de atajos, extrayendo “piezas” sanas y valiosas, para “hacer sitio” a las que ellos deciden que pueden quedarse.

El amor por el País y sus gentes, la capacitación, la experiencia, la habilidad para observar y analizar, el trabajo constante, la re-evaluación crítica de los logros y la mejora continua son las únicas herramientas para crecer y desarrollarse, como sociedad y como Nación. Como dice el Lehendakari Urkullu: las bondades de la re-evolución, frente a la incertidumbre de la revolución.

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