Desde el pasado 20 de septiembre Ibone Bengoetxea es la primera mujer que toma las riendas de Eudel, la asociación de municipios vascos, un nuevo cargo desde el que pretende dotar a los ayuntamientos de las herramientas necesarias para minimizar el impacto de la crisis en sus convecinos
Bilbao. Consciente del reto que supone superar la crisis, la teniente de alcalde del consistorio bilbaino insiste en que la vuelta a las competencias propias y evitar las actuaciones con financiaciones condicionadas serán sus principales ejes de trabajo para lograr ese objetivo. Todo ello, asegura Ibone Bengoetxea, haciendo del consenso institucional la bandera de todas las decisiones y tendiendo la mano al resto de sensibilidades para realizar "entre todos" los deberes que les han puesto los ciudadanos.
El pasado 20 de noviembre vivió sus primeras elecciones como presidenta de los municipios vascos.
Las viví con absoluta normalidad. Independientemente del ganador y del color político que hayan tenido los resultados, lo único que me preocupaba eran los municipios vascos. Eudel está y estará siempre allá donde se decidan cuestiones que les afecten.
Precisamente, el ganador de las elecciones, Mariano Rajoy, lleva en su programa electoral una fusión de todos los municipios de menos de mil habitantes para intentar sanear las cuentas municipales. ¿Afectaría esto a Euskadi?
Los programas electorales reflejan intenciones, pero en ocasiones la realidad es obtusa y se impone a los deseos. Conozco esa propuesta pero creo que los ayuntamientos vascos estamos a otro nivel.
¿Es diferente la situación que viven los municipios vascos y los del Estado español?
Son totalmente distintas. Euskadi ha tenido un modelo de desarrollo diferente y eso hace que la situación sea mejor, lo cual no quiere decir que en estos momentos sea buena. De hecho, la media de endeudamiento por habitante en el Estado es de 613 euros y en Euskadi de 293. La situación de partida para intentar buscar una fusión de los municipios pequeños es bien distinta en ambos casos.
¿La crisis se está cebando con los municipios pequeños?
Todos están sufriendo en mayor o menor medida una crisis que ya no es coyuntural, sino estructural. Hay que tener en cuenta que el 60% de los ayuntamientos vascos tiene menos de 2.000 habitantes y el 25% menos de 500. Estos municipios disponen de menos recursos económicos pero también técnicos y esas carencias se notan a la hora de afrontar situaciones como la que vivimos ahora.
Uno de los problemas históricos de los ayuntamientos es el endeudamiento. ¿Cómo afronta el reto de suavizar esta coyuntura?
La verdad es que no tenemos demasiado margen de actuación. La media de nuestros ingresos viene en un 30 o 35 % de los impuestos, el 40% de los fondos forales de financiación, alrededor de un 15% de subvenciones, otro 15% de la venta de patrimonio y cerca de un 5% por la deuda. El problema es que con la crisis desaparece buena parte de esa financiación.
¿Qué puede hacer Eudel ante este escenario que describe?
Vamos a seguir trabajando pero no tenemos una varita mágica para salir de la crisis o para dotar de unos fondos que la propia asociación no tiene. Lo que sí podemos es apostar por una vuelta de los municipios a sus competencias propias que se cimienten en la calidad, la innovación y una red de municipios vascos transparentes.
Una de las herramientas que en teoría posibilitaría que los municipios trabajaran solamente en sus competencias es la Ley Municipal. ¿En qué momento se encuentra dicha ley?
Eudel siempre ha reclamado una Ley Municipal que reflejara cuáles eran nuestras competencias y cómo se iban a financiar las mismas. De hecho, en los últimos años hemos planteado multitud de propuestas apelando siempre a un consenso político e institucional suficiente para desarrollar una ley que terminara de rematar la arquitectura institucional de este país. Es evidente que en estos momentos no existe ese consenso.
Supongo que habla de los dos recursos interpuestos por las Diputaciones de Bizkaia y Araba. ¿Cómo encajó esa noticia?
Ahora estamos a la espera de que la Comisión Arbitral resuelva ambos recursos y una vez se tome esa decisión veremos cuál es el itinerario que sigue la ley. Si las diputaciones entienden que estas propuestas vulneran sus competencias yo soy absolutamente respetuosa con las decisiones del resto de instituciones. En cualquier caso, Eudel lleva treinta años trabajando sin ley y vamos a seguir trabajando ocurra lo que ocurra. La ley no va a solucionar todos los problemas de los ayuntamientos porque el trabajar todos los días con problemas forma parte de la propia naturaleza de los ayuntamientos.
Pero, a expensas de lo que decida la Comisión Arbitral, los ayuntamientos van a tener que hacerse cargo de competencias que, en teoría, no son de su responsabilidad.
Por eso la vuelta a las competencias propias va a ser el primer eje de trabajo de los próximos cuatro años en Eudel. Al ser la institución más cercana a los ciudadanos, en muchas ocasiones asumimos competencias que no son propias y que muchas veces llegan con financiación condicionada. Cuando vienen malos momentos, los que nos encontramos con los problemas somos los ayuntamientos. Por eso tenemos que conocer cuáles son nuestras competencias, con qué recursos se van a financiar y si esos recursos serán suficientes.
Una de las áreas donde no se están produciendo esas condiciones es en las ayudas sociales. ¿Cómo valora la decisión del Gobierno vasco de endurecer los requisitos de acceso a estas prestaciones?
A Eudel lo que le preocupa es cómo se van a gestionar esas ayudas sociales y si esos recursos son suficientes o no. En ese sentido, estamos trabajando en una mesa técnica con el Departamento de Asuntos Sociales en la búsqueda de una solución que sea satisfactoria para ambas partes.
¿De qué están hablando en esa mesa con el Gobierno vasco?
No me suele gustar hablar de las cosas que se trabajan hasta que no están del todo acordadas o desacordadas. En ocasiones, hablar más de la cuenta puede hipotecar la búsqueda de soluciones.
Un ejemplo de que la crisis está afectando seriamente a los ciudadanos se vivió hace unas semanas con el desahucio del caserío de Kukullaga.
Así es. Afortunadamente, la alcaldesa de Berango realizó un esfuerzo importante y logró ayudar a sus convecinos. Fue una decisión que trataba de poner corazón donde solamente había papel.
¿Es ese un ejemplo de la política que usted quiere desarrollar durante los próximos cuatro años?
Cada ayuntamiento es diferente y tiene que saber cuáles son las circunstancias que le rodean. No sé si esa es la solución para todos los municipios porque no todas las situaciones son tan dramáticas, pero entendí perfectamente la apuesta que la alcaldesa hizo porque se estaba cometiendo una injusticia con sus vecinos.
En la mayoría de los casos, tal vez el de Berango sea una excepción, los desahucios vienen ligados al desempleo. ¿Qué margen de maniobra tienen los ayuntamientos para impulsar el empleo dentro de sus municipios?
Somos una herramienta que coadyuva a la creación de empleo apoyándonos en espacios atractivos que fomenten ese escenario. Para crear empleo tiene que haber empresa implantada en el territorio, tiene que haber aprendizaje y eso no ocurre si los espacios no son atractivos. Otra cosa son ya los grandes planes de empleo, que ya no son competencia nuestra, pero al ir concretando esas actuaciones siempre se bajan al suelo y ahí es donde tienen un impacto directo en los municipios. Somos un colaborador totalmente necesario.
"El consejo de Jokin ha sido que cuide los consensos"
El vértigo inicial con el que Ibone Bengoetxea accedió a la presidencia de los municipios vascos se tornó en tranquilidad cuando constató el esfuerzo y la dedicación que muchos alcaldes, alcaldesas y el propio equipo técnico de Eudel dedican a los ayuntamientos vascos. Todo ello, asegura, teniendo siempre presente el consejo que Jokin Bildarratz, su antecesor en el cargo, le dio nada más acceder a su nueva dedicación: "Mantén la capacidad para llegar a acuerdos que Eudel siempre ha tenido".
En su discurso de investidura subrayó que tiene la mano tendida al conjunto de partidos para construir entre todos el futuro de los municipios. Parece que, de momento, eso no ha ocurrido.
Sigo creyendo que los deberes los podemos hacer entre todos. Eudel no es una estructura piramidal. Somos una asociación que trabaja en comisiones delegadas y técnicas que están abiertas a todos los municipios que quieran participar en ellas. Mantengo lo que dije, los deberes los podemos hacer entre todos. No somos un acumulador de poder, somos un espacio en el que los ayuntamientos manifiestan de manera comisionada y consensuada sus preocupaciones. La participación es absolutamente abierta y aquí no miramos quién llama.
¿Alguien de Bildu le ha explicado por qué no quieren entrar en ese espacio que menciona?
Es que yo no estoy en el ámbito de los partidos. Yo estoy en Eudel, que es la asociación que aglutina a los municipios vascos. Cualquier municipio que quiera hablar conmigo podrá hacerlo. Aquí no hacemos alta política, somos ayuntamientos, de pico y pala, y estamos para resolver los problemas. Me llame el alcalde que me llame hablaré con él y trataremos de solucionar los problemas, independientemente del partido al que represente.
¿Le ha llamado algún alcalde o concejal de esa formación?
Evidentemente. Hay que hablar con todo el mundo.
En apenas unos meses ha pasado de ser teniente de alcalde de Bilbao a compatibilizar ese cargo con la presidencia de Eudel. ¿Cómo ha vivido ese cambio?
En primer lugar con un poco de vértigo. En segundo lugar como un reto y en tercer lugar con mucha más tranquilidad después de haber visto que muchos alcaldes, alcaldesas y el propio equipo técnico de Eudel son ciertamente conocedores de las complicaciones de la vida municipal. Ese vértigo inicial se ha calmado cuando he visto que tengo detrás a muchas personas que están trabajando a favor de los municipios vascos.
¿Cuál ha sido la mayor diferencia que ha encontrado entre ambos cargos?
La diferencia es que hasta ahora he sido concejala de un ayuntamiento donde he tenido responsabilidades en áreas concretas. Desde Eudel se trabajan campos que afectan a multitud de aspectos de la vida cotidiana. Desde infraestructuras, cultura, euskera, culto religioso, aguas... es una mirada mucho más amplia y mucho más global. Además, el conocer las circunstancias de otros territorios distintos al vizcaino, que ha sido donde más me he movido, también me aporta una visión mucho más global del país.
Usted ha sido la primera mujer que ha llegado a la presidencia de los municipios vascos sin ser alcaldesa. ¿Se ve algún día dirigiendo el consistorio bilbaino?
La verdad es que no. Faltan cuatro años para las próximas elecciones y la vida da muchas vueltas. En primer lugar, tengo que decir que no me esperaba entrar en el Ayuntamiento de Bilbao. Cuando repetí mandato tampoco esperaba estar de concejala de Cultura y Educación y muchos menos que iba a ser teniente de alcalde. A todo esto le añadiría que ni se me pasaba por la cabeza ser la presidenta de Eudel. Al final, mi perspectiva cambió completamente en unos pocos meses, pero ahora mismo lo único que me planteo es ser capaz de terminar mi mandato al frente de los municipios vascos.
Su entrada en Eudel vino precedida de la despedida de Jokin Bildarratz. ¿Cuál ha sido el mayor consejo que le ha dado el exalcalde tolosarra?
Hemos hablado mucho y uno de los consejos que no se me olvidará nunca es que trate de cuidar siempre los consensos, que mantenga esa capacidad de llegar a acuerdos que siempre ha tenido Eudel.