Sabino Arana y la mujer

Sabino Arana y la mujer 06Martxoak
2015
2015 MartxoaK 06 |
Berria

PARTEKATU

SABINO ARANA Y LA MUJER

Decía Einstein que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. Afirmación aplicable al tema mujer, tanto en las teorías que al respecto han expuesto pensadores masculinos –a veces también las propias mujeres-, como en los análisis interesados de ideologías o momentos históricos concretos: no es nada infrecuente, por ejemplo, intentar denunciar una realidad histórica puntual acogiéndose a una afirmación de un líder, a veces descontextualizada, sin tener en cuenta la obra global o las características de la época histórica. O lo que más negativo: con intencionalidad de trasladarla contra sector(es) social(es) actual(es). Como si las personas o generaciones contemporáneas conllevaran genes delictivos de sus antepasados.

 

En cualquier caso, si se desea priorizar la proyección de futuro social a las realidades de tiempos pasados, se precisará conjugar la actitud, crítica, investigadora del pasado con la tolerancia respecto a proyecciones extrañas a las concepciones personales, teniendo en cuenta que el pensamiento humanista pretende siempre avanzar hacia estados superiores de Democracia y de Calidad de Vida. Como decía Benedetti, no procedemos de la Democracia, sino que nos dirigimos hacia Ella. También en el tema mujer

 

Pero para ello, es también importante conocer cómo se ha llegado a este convencimiento en un recorrido, aunque sólo de breves referencias, de algunos grandes pensadores  de los últimos tres siglos. Sólo de esta forma podremos comprender la herida, muy herida, sensibilidad de la mujer; y  de esta forma, se nos ayudará a comprender  –aunque no a justificar- momentos históricos y/o el pensamiento de personajes concretos de reconocida influencia en las corrientes filosóficas sobre los derechos de la mujer. Entre estos, podríamos citar, en el ámbito internacional, a Rousseau, Concordet, Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft, John Stuart Mill,  Nietzsche, Arthur Schopenhauer, etc.

 

Aunque la concienciación del derecho a la igualdad toma fuerza a partir de la Revolución Francesa, no menos cierto es que en fechas previas a la misma se realizaron importantes aportaciones en su defensa, no exentas de posicionamientos en su contra. Aún más: desde nuestras perspectivas actuales, nos resulta incomprensible que algunos grandes pensadores del pasado realizaran  reflexiones tan retrógradas. Uno de estos casos es cómo concibe Rousseau la educación de la mujer en su obra EMILIO (1759): para él el hombre y la mujer son biológicamente guales, menos en el sexo; por lo que considera que la educación debe  plantearse en base a éste, porque “Uno debe ser activo y fuerte. El otro, pasivo y débil. Establecido este principio, de él se sigue que la mujer está hecha especialmente para agradar al hombre. (Y por lo tanto) toda la educación de las mujeres debe referirse a los hombres. (Esto es) lo que debe enseñárseles desde su infancia”. Y en otra parte añade: “Como no están en situación de ser jueces ellas mismas, deben recibir la decisión de sus padres y de los maridos, como la de la iglesia. La mujer esta hecha para ceder al hombre y soportar incluso su injusticia”.

 

A pesar de que en la actualidad estas expresiones repugnan incluso a cualquier hombre con una mínima sensibilidad respecto a los derechos humanos, no se puede negar que la Revolución Francesa supuso un salto cualitativo en la transformación social. Pero aún así, la mayor parte de aquellos revolucionarios no fueron tan radicales en sus planteamientos respecto a la proyección social de la mujer: a pesar de las críticas de Nicolás Concordet de que a la mujer, que representaba el 50% de la población, se le estaba negando el derecho a la educación, en la primera Declaración de los Derechos humanos, a la mujer no se le contemplaba entre éstos. Ni siquiera la contempla lo que provocó que Olympe de Gouses promoviera a los dos años de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadanía. Evidentemente, la revolución política no contaba siempre con actitudes sociales coincidentes: Caumette, uno de los hombres más radicales de la época con planteamientos a favor de la abolición de la esclavitud,  sobre los derechos de la mujer escribió aquello de  “¿Desde cuando le está permitido a las mujeres abjurar de su sexo y convertirse en hombres? ".

 

Contrariedades similares podemos encontrar en otros ámbitos  internacionales: mientras la escritora inglesa Mary Wollstonecrat, con su Vindicación de los derechos de la mujer publicada casi simultáneamente que Olympe Gouges su Declaración en defensa de la mujer, se posicionaba contraria a la tesis de la inferioridad de la mujer, reivindicando el acceso a la educación como única vía de acceso a la igualdad: "Ya he advertido –escribió- sobre los malos hábitos que adquieren las mujeres cuando se las confina juntas; y pienso que podría extenderse con justicia esta observación al otro sexo, mientras no se deduzca la inferencia natural que, por mi parte, he tenido siempre presente, esto es, promover que ambos sexos debieran educarse juntos, no sólo en las familias privadas sino también en las escuelas públicas. Si el matrimonio es la base de la sociedad, toda la humanidad debiera educarse siguiendo el mismo  modelo, o si no, la relación entre los sexos nunca merecerá el nombre de compañerismo, ni las mujeres desempeñarán los deberes peculiares de su sexo hasta que no se conviertan en ciudadanas ilustradas, libres y capaces de ganar su propia subsistencia, e independientes de los hombres (...) Es más, el matrimonio no se considerará nunca sagrado hasta que las mujeres, educándose junto con los hombres, no estén preparadas para ser sus compañeras, en lugar de ser únicamente sus amantes (...)".

 

Pero no fue ella, sino Jhon  Stuart Mill  quien presentó en el Parlamento inglés el proyecto a favor del voto femenino el año 1866: En su “El sometimiento de la mujer” escribió que "El principio regulador de las actuales relaciones entre los dos sexos –la subordinación legal del uno al otro- es intrínsecamente erróneo y ahora constituye uno de los obstáculos más importantes para el progreso humano; y debiera ser sustituido por un principio de perfecta igualdad que no admitiera poder ni privilegio para unos ni incapacidad para otros". El Parlamento se posicionó en contra, pero esta actitud provocó que Lydia Becker promoviera al año siguiente la Asociación Nacional para el Sufragio de la Mujer. Sus reivindicaciones triunfaron parcialmente con la aprobación en 1874 del derecho al voto sólo para las solteras. Pero no por ello poco importante, dado que ello dio paso a la implicación del liderazgo de Emmeline Pankhurst en defensa de los derechos de las mujeres casadas: la Liga que fundó logró en 1894 que las casadas pudieran votar al menos en las elecciones  locales.

 

El movimiento feminista en USA es una prueba más de que la superación de obstáculos para el logro de los  derechos ha requerido siempre importantes estrategias y sacrificios individuales y colectivos. La primera Convención de los Derechos de la Mujer la celebraron en New York el año 1848, pero previamente habían participado en los movimientos a favor de la esclavitud de los negros. Pero su militancia fue correspondida con una actitud política denigrante: ante el temor a la unión de ambos movimientos –abolicionista y feminista- después de la Guerra de Secesión (1861-1865) el Gobierno concedió a los negros el derecho al voto; las mujeres lo lograron definitivamente el año 1920.

 

Se dice que el tiempo lo cura todo. Y la fragilidad de la memoria humana conlleva a veces al olvido de actitudes misóginas, no sólo de los gobiernos, sino también personalidades que han influenciado de forma importante en la evolución del pensamiento. Pero de no creer a Einstein que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio, difícilmente se podrían leer sin escandalizarse afirmaciones como las de Nietsche (1844-190) de que “El hombre debe ser educado para la guerra, y la mujer para el solaz del guerrero, porque todo lo demás  es tontería”, o   Cifrad vuestro honor en vuestro amor, mas la mujer entiende poco de honor”, o  “Cuando vayas con mujeres, no olvides el látigo”. De aquí que Engels describiera  la situación de la mujer de la forma siguiente: “El hombre tomó el mando también en el hogar; la mujer fue degradada y reducida a la servidumbre; se convirtió en la esclava de su lujuria y en un mero instrumento para la producción de hijos…Para asegurar la fidelidad de su mujer y por tanto, la paternidad de sus hijos, es entregada sin condiciones al poder del marido; si él la mata, solo está ejerciendo sus derechos”.

 

En el ámbito español resulta también fácil  encontrar mentalidades de rango misógino, incluso en fechas tardías del siglo XIX. Pareciera que los avances ideólogos que se dieron en otros países poco repercutieron en nuestros entornos. Prueba de ello es incluso que los movimientos feministas no tomaron fuerza hasta fechas tardías de la segunda década del XIX. Y nos encontramos con dirigentes e intelectuales, tanto del sector masculino como femenino, que se posicionaban entre quienes consideraban que la mujer era per se inferior al hombre y que su destino era la proyección doméstica, y no la proyección social. Basta un pequeño recorrido  por Internet para encontrar afirmaciones de personalidades de renombre, algunas incluso del siglo XX, como  "Lo repito: en el hogar doméstico, no fuera de él, ha de cumplir la mujer su destino." 
(Francisco Pi i Maragall. La misión de la mujer en la sociedad. 1869); "Ser buenas es más importante para ellas que ser sabias. Y en verdad que ser puras, pacientes y hacendosas en sus casas, natural esfera de la mujer, es saberlo todo." (Leopoldo Augusto de Cueto. Las mujeres españolas, portuguesas y americanas, 1872-1873); "Ellas pueden realzar, abrillantar, difundir con lengua de fuego lo que entorno de ellas se piensa, pero al hombre pertenece la iniciativa" (Marcelino Menéndez Pelayo. Emilia Pardo Bazán, 1885); "Repito, pues, que, aun reducido el papel de la mujer al de mero auxiliar del hombre, no es humilde, sino glorioso; y esto, no desde poco tiempo acá, dentro de civilizaciones refinadas, sino desde las primeras edades de la humanidad" 
(Juan Valera. Las mujeres y las Academias, 1891); "La mujer es esencialmente un ser receptivo; pero cuando se trata de facultades creadoras tiene que contentarse con el segundo rango." (Fernando Araujo. La coeducación de los sexos. 1903); ("Sólo el varón es susceptible de genialidad" (Ramón Pérez de Ayala. Las máscaras, libro II, 1917-1919); "En cambio, el ejercicio de los cargos públicos que requieren gran independencia de criterio, resistencia a la sugestión, firmeza de juicio, iniciativa intelectual rápida, voluntad recia, y aun cierta dureza sentimental, es francamente incompatible con la contextura espiritual de la inmensa mayoría de las mujeres." (Gregorio Marañón. Biología y feminismo. 21-2-1920); "Hace años se me antojaba una monstruosidad el que la Iglesia hubiera vivido siglos enteros sin reconocer la existencia del alma femenina. En la actualidad, opino que la Iglesia tenía razón y que reconoció la existencia del alma en la mujer demasiado pronto." (Enrique Jardiel Poncela. Amor se escribe sin hache. 1929; "La mujer en estado de naturaleza es la prostituta." (Edmundo González Blanco). La mujer según los diferentes aspectos de su espiritualidad. 1930); "En la presente civilización no tienen nada que hacer las mujeres." (Valle-Inclán). Entrevista publicada en El Sol, 20-11-1931); "No soy feminista; por tanto, huelga que le diga que no soy partidario de dar el voto a la mujer." (José Antonio Primo de Rivera. La Voz, 14-2-1936);  “Consolidada, por último, la sociedad doméstica con el vínculo de este amor, es necesario que florezca en ella lo que San Agustín llama jerarquía del amor. Jerarquía que comprende tanto la primacía del varón sobre la esposa y los hijos cuanto la diligente sujeción y obediencia de la mujer, que recomienda el Apóstol en estas palabras: Estén sujetas las mujeres a sus maridos como al Señor, pues que el varón es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia (Encíclica Casti Connubii)); "A causa de la debilidad mental el psiquismo femenino tiene muchos puntos de contacto con el infantil y el animal." (Antonio Vallejo-Nájera. Investigaciones psicológicas en marxistas femeninos delincuentes. 1938); "Y, puestos a elegir, preferimos a aquella callada y silenciosa, que nos considera maestros de su vida y acepta el consejo y la lección con la humildad de quien se sabe inferior en talento." (José Juanes. Medina, 9-5-1943); "Dios hace las cosas bien y con orden. ¿Para qué iba a construir con excesivo mecanismo intelectual el alma de un ser destinado, por esencia, a las bellas sinrazones del cariño?" (José María Pemán). De doce cualidades de la mujer. 1947); "En la presencia de la Mujer presentimos los varones inmediatamente una criatura que, sobre el nivel perteneciente a la humanidad, es de rango vital algo inferior al nuestro." (José Ortega y Gasset. El hombre y la gente. 1957).

 

Si nos planteamos cuáles pudieron ser los antecedentes de esta perspectiva misógina, encontramos claros exponentes en el refranero español con expresiones como “de la mala mujer, guárdate; de la buena, no te fíes nada”;  “la mujer casa y honrada, en casa y con la pierna quebrada”; “la mujer sea igual o menor, si quieres ser señor”; “la mujer sabe sin maestro llorar, mentir y bailar”; “la mula y la mujer, a palos se ha n de vencer”, etc., etc..

 

Otro tanto  nos ocurrirá si abandonando este campo de expresiones populares nos adentramos en el análisis de legislaciones tan importantes como la propia Constitución de Cádiz (1812), la primera Carta Magna liberal de España, muy próxima en fechas a las constituciones de USA (1787) y la de Francia (1789). Pero a pesar de esta proximidad, los ideólogos/dirigentes españoles parece ser que ni siquiera tuvieron conocimiento de que por el mundo corrían ideas liberales de gran importancia: mientras en Francia e Inglaterra se reivindicaban los derechos de la mujer, en España tenían prohibido, por ejemplo, “el Reglamento para el Gobierno Interior de las Cortes del 26 de noviembre de 1810, prohibía el acceso a las mujeres al espacio público”.  Todavía en la Sesión parlamentaria del 16 de marzo de 1821, el diputado Rovira intervino diciendo: “yo no encuentro tal vez los justos motivos que habrá tenido la comisión para prohibir á las mujeres la entrada en las galerías y la asistencia á las discusiones. Esta determinación creo que podrá ser no muy justa y poco conveniente. La representación de los diputados está fundada sobre la base de uno por cada 70.000 almas de población, y por consiguiente en este número parece que debe entrar la gran parte de esta que componen las mujeres, lo mismo que lo de los hombres (…) ¿Por qué nosotros hemos de privar a las mujeres, que están tan obligadas como los hombres á obedecer a las leyes, ya que por conveniencia les hemos quitado los derechos de ciudadanía (…) ¿Por qué las hemos de privar de asistir a las sesiones, cuando tal vez permitimos la entrada a un esclavo?.¿Son de peor condición nuestras mujeres, nuestras hermanas, que un esclavo? (…)”. Evidentemente, su propuesta no fue admitida. Ante lo cual, a quienes deseaban acudir a las mismas, no les cubo otra posibilidad que recurrir a la estrategia de presentarse vestidas de hombre.

 

Por si lo dicho fuera poco, cuando en la sesión de 15 de septiembre de 1811 se debatió quiénes tenían el derecho a la ciudadanía, se les denegó a las mujeres, y, ante las reivindicaciones abolicionistas de la esclavitud de los diputados  de las colonias, el diputado liberal Muñoz Torrero expuso el argumento de  abriendo algunas posibilidades de su logro a los negros y a los esclavos; hasta el extremos que   “si llevamos demasiado lejos estos principios de lo que se dice rigurosa justicia, sería forzoso conceder a las mujeres los derechos civiles los políticos, y admitirlas en las juntas electorales y en las Cortes mismas”.

 

En las investigaciones sobre la discriminación de la mujer Mary Nash y Susana Tavera exponen que en otras normativas posteriores (Código Civil de 1889, Penal de 1870 y de Comercio de 1885) se caracterizaban por la misma proyección misógina: La mujer casada – dicen- no disponía de autonomía personal o laboral, tampoco tenía independencia económica y ni tan siquiera era dueña de los ingresos que generaba su propio trabajo. Debía obedecer al marido, necesitaba su autorización para desempeñar actividades económicas y comerciales, para establecer contratos e, incluso, par realizar compras que no fueran las del consumo doméstico. La ley tampoco reconocía a las trabajadoras casadas la capacidad necesaria para controlar su propio salario y establecía que éste debía ser administrado por el marido. El poder del marido sobre la mujer casada fue reforzado, además, con medidas penales que castigaban cualquier trasgresión de su autoridad: por ejemplo, el Código Penal estableció que la desobediencia o el insulto de palabra eran suficientes par que la mujer fuera encarcelada. Asimismo, el doble estándar de moral sexual le permitía al hombre mantener relaciones sexuales extra-matrimoniales y se las prohibía de forma tan tajante a la mujer que las diferencias quedaron explícitamente manifiestas en la legislación relativa al adulterio y a los crímenes pasionales. El Código Penal establecía que si el marido asesinaba o agredía a la esposa adúltera o al amante de ésta, al ser sorprendidos, sólo sería castigado con el destierro durante un corto espacio de tiempo. En la misma situación, las penas impuestas a la mujer eran mucho más severas: al ser considerado parricidio el asesinato del marido, la sentencia era siempre prisión perpetua.”

 

La historia del machismo español nos demuestra que esta actitud de negación de los derechos de la mujer ha perdurado en décadas posteriores a Sabino Arana, con  argumentos tan denigrantes como los que exponía el catedrático y diputado por la Federación Republicana Gallega Roberto Novoa Santos en las Cortes Constituyentes de la Segunda República Española (1931): “¿Por qué hemos de conceder a la mujer los mismos títulos y los mismos derechos políticos que al hombre? ¿Son por ventura ecuación? ¿Son organismos igualmente capacitados? (...) La mujer es toda pasión, toda figura de emoción, es todo sensibilidad; no es, en cambio, reflexión, no es espíritu crítico, no es ponderación. (...) Es posible o seguro que hoy la mujer española, lo mismo la mujer campesina que la mujer urbana, está bajo la presión de las Instituciones religiosas; (...) Y yo pregunto: ¿Cuál sería el destino de la República si en un futuro próximo, muy próximo, hubiésemos de conceder el voto a las mujeres? Seguramente una reversión, un salto atrás. Y es que a la mujer no la domina la reflexión y el espíritu crítico; la mujer se deja llevar siempre de la emoción, de todo aquello que habla a sus sentimientos, pero en poca escala en una mínima escala de la verdadera reflexión crítica. Por eso y creo que, en cierto modo, no le faltaba razón a mi amigo D. Basilio Álvarez al afirmar que se haría del histerismo ley. El histerismo no es una enfermedad, es la propia estructura de la mujer; la mujer es eso: histerismo y por ello es voluble, versátil, es sensibilidad de espíritu y emoción. Esto es la mujer”.

 

En este ambiente de un pensamiento español trasnochado, en una “España campeona de la Contrarreforma, o dicho en términos modernos, la ultraderechista entre todas las potencias europeas” -en palabras del escritor mexicano Antonio Alatorre-, nace y vive Sabino Arana. Y me surge la curiosidad de conocer cuál es su posicionamiento respecto a la mujer. A tal fin, me he sentido motivado a la lectura de  2478 páginas de sus obras completas (impresas en Buenos Aires, 1965), con el triple objetivo de: conocer la forma literaria de sus pensamientos, su contenido  ideológico y la realización de cierta comparativa con el nivel misógino expuesto en las páginas precedentes.

 

Asumo este reto personal consciente de que la presentación objetiva de cualquier acontecimiento, personaje o texto requiere situarlo en su contexto temporal. Partiendo de este principio, he pretendido recoger esquemáticamente algunas concepciones de pensadores de renombre del siglo XIX, para de su conocimiento poder realizar una reflexión comparativa, la más objetiva posible.

 

En la lectura de sus textos y de autores contemporáneos a él, me he encontrado, en primer lugar, con un problema básico de lenguaje del castellano: el uso simultáneo de las expresiones femeninas y masculinas “vasco/vasca”, por citar un ejemplo, como exponente de la reivindicación de la igualdad de derechos es muy reciente; por lo que no se puede deducir que una expresión en su versión masculina equivalga siempre a una concepción antifeminista. Otro tanto me ocurre con los textos que recogen  la expresión “hombres”, aunque de su la contextualización histórica se puede deducir si se refiere o no exclusivamente al género masculino: por ejemplo, no hay duda que las expresiones “socio”, “soltero”” o  “viudo” de los Estatutos de Euskaldun Batzokija (págs. 279/291)  se refieren exclusivamente a los hombres, salvo cuando afirma que “Si el socio es casado, o viudo con familia, estas condiciones exigidas se atenderán en ambos consortes…” (281).

 

En los textos de Arana hay, sin embargo, otras expresiones de claro cariz machista, como viril o afeminado, de las que poco se conoce las causas de la evolución de sus diversas acepciones. Así podemos leer “Nabarra, la viril región oriental de Euskeria….”(P. 174) o los vascos “No eran pueblos afeminados y envilecidos por el lujo, la molicie y la corrupción toda aneja a las naciones encumbradas ilícitamente, ni gentes tan estúpidas e indolentes que prefiriesen la esclavitud rica a la libertad pobre. No, eran hombres de una raza vigorosa”… (Pág. 111). Desde  perspectivas feministas, en la actualidad difícilmente se entiende por qué la virtud patriótica debe expresarse con referencias a la capacidad del varón (vir + ilis); o a la inversa: por qué afeminado simboliza  “débil, enclenque, endeble, enfermizo o exhausto”.

 

El pasado, ciertamente, es irreversible; también en el lenguaje. Aunque no por ello resulta imposible plantear una profunda renovación de expresiones que se adecuen a los requerimientos de la igualdad de derechos. Como sucedió con el derecho al voto: hasta finales del siglo XIX las mujeres  carecían del mismo: el primer país que reconoció sin restricciones fue Nueva Zelanda (1893), seguido de Australia (1901) y Filandia (1906), Noruega (1913), Suecia (1921), Estados Unidos (1920) Argentina y Uruguay (1927), España (1931).

 

Además de este imperio del lenguaje y el rechazo mundial del derecho al sufragio universal, el pensamiento de Sabino Arana tiene claras influencias de las clásica concepción de la Iglesia Católica sobre el origen del hombre y de la mujer basado en el libro Génesis, y escribirá aquello de  “¡Oh creación admirable! Formó, pues el Señor Dios al hombre del lodo de la tierra e inspirólo en el rostro el soplo de vida, que reuniera en sí las perfecciones y facultades de los principios vitales de los otros seres vivientes, y crió al hombre a imagen suya; a imagen de Dios le crió” (Pág. 2323).

 

En otra parte, en el artículo “Los Seudo-Ángeles y el Seudo-Arte”, “como prueba irrebatible de la verdad de los sistemas de los evolucionistas y aun de los transformistas”, escribe “¿Los ángeles se han parecido alguna vez a los hombres? Sí, según los Libros Santos. Luego en la forma que hayan adoptado deben ser representados. ¿Cómo se han aparecido, qué forma han tomado, pues que son espíritus puros? La de varones jóvenes siempre: de varón, porque la mujer no es más que un pedazo del hombre, una compañera, siendo el varón el tipo personal de la especie humana: la de joven, porque la juventud es el momento de la vida en que el hombre llega a su completo desarrollo. (…) Joven, en ese momento de perfecto desarrollo, fue sin duda creado por Dios Adán. Joven, en ese momento de su perfecto desarrollo, redimió Jesús a la humanidad caída” (Pág. 1984). ¡Creación admirable” de Dios y Dios mismo  se encarna como hombre y salva a la humanidad caída!. ¿Y la mujer? Sólo “Pedazo” y “compañera”. Triste concepción religiosa de los siglos pretéritos y del siglo de Sabino Arana, inasumible a estas alturas de la historia de la Humanidad, aunque comprensible –no justificable- si nos situamos en el siglo XIX.

 

En este mismo sentido, la Educación  se concibe, a pesar de los movimientos feministas que surgen con reivindicación del derecho a la educación, con orientación exclusiva a su proyección doméstica. La organización de la vida política y social era incumbencia del hombre, y escribe:

 

“Al efecto, habiéndose reunido los vizcaínos en Junta General o Biltzarr, como el Señor de Durango no hubiese dejado sucesión masculina, convinieron en que entrara el Duranguesado a constituir una de las merindades o agrupaciones de los pueblos independientes en la General Confederación Vizcaína” (Pàg.115).

 

           

 “…o libro a mi patria Bizkaia de la ambición española, o no vuelvo a abrazar a mis padres y a mi esposa ni recibir las caricias de mis hijos….” (P. 121).

 

“Y ahora (después de la Batalla), señor de la casa, puedes marcharte con tu perro e ir a abrazar a tu mujer e hijos, …”. (P`. 114

 

“…Si la tiranía…osa poner en son de guerra, su extranjera planta en el agestre terreno nabarro, dando ocasión a que añadan los firmes hijos de Euskeria una página más de gloria….”. (P. 230).

 

“Y sepan los valerosos navarros que en el suelo euskeriano desde el morado habitante en el paraje más recóndito hasta el que tiene su vivienda en el pináculo de la más alta montaña, sólo desea, nada más anhela, que la ruptura con el statu quo que nos rebaja y humilla a la mísera condición de la vil esclavitud”. (P. 230).

 

“El bizkaíno es amante de su familia y su hogar, (y si) por su carácter emprendedor, se ausenta de su hogar, no le pasa un día en que no suspire por volver a él. (P. 620)

 

Pero de un análisis de estos textos no se puede deducir la absoluta exclusión de la mujer en los quehaceres patrióticos. Ni siquiera cuando afirma “Y lo mismo que del hombre, podemos decir de un pueblo, que es conjunto de hombres” (pág. 2276. Sus expresiones “consorte” y “compañera” o “No es buen hijo quien levanta el brazo para abofetear a su madre” (Pág.1767)  muestran también  respeto a ella, incomparablemente superior a las que exponen las citas de renombrados ideólogos contemporáneos suyos expuestos anteriormente. En la explicación de la mítica batalla de Arrigorriaga de los vizcaínos en defensa de su independencia, (al igual que el nacionalismo español mitifica a D. Pelayo como defensor de la identidad española en sus batallas contra los moros cuando España aún no existía), Sabino Arana recurre   a la imagen de la figura femenina que interviene en la batalla por la independencia de Bizkaia como autora del golpe definitivo que causó muerte al capitán español Ordoño. Para Arana, en este texto, la mujer vasca representa tres virtudes: es compañera del hombre, es patriota y muestra fortaleza psíquica y física, “con su recio golpe de hacha”, contrariamente a quienes defienden  su inferioridad frente al hombre.

“Estos sorprendidos por tan brusca eficaz acometida, y viendo caer a su lado a tantos compañeros, fuera de combate a sus mejores jefes y bañado en sangre y muerto a su mismo capitán Ordoño, quien, como se le cayera el casco, peleando contra una varonil mujer bizcaína, recibió de ésta tan recio golpe de hacha en la cabeza, que lo derribo exánime por tierra….” (pág. 113).

 

Pero no siempre sus metáforas  son acertadas, aunque sin duda bien intencionadas. Así, cuando en el escrito Fe de Erratas de La Gaceta del Norte pregunta “¿Para qué escribimos si no es para instruir a los vascos, haciéndoles ver el desconocimiento supino y tremenda desgracia en que los han asumido…”  no resultan nada acertadas sus comparaciones de la lucha de los boers de Sudáfrica adornadas con algunas características  definidas en su tiempo como propias de la mujer:

 

“El pueblo, cuando se mueve en masa impulsado por su propio instinto, aseméjase a la mujer: en la cabeza hay más imaginación que inteligencia; en su corazón, más sensibilidad que sentimiento.Llora la mujer al ver al reo de muerte al subir al patíbulo, lloró también ayer al enterarse del fin que tuvo la víctima de ese mismo criminal. Son lágrimas que no brotan del corazón; es el llanto que no tiene su raíz más adentro de los ojos.

 

Así también, el impresionable vulgo, con su imaginación proclama que hoy como verdad o como virtud lo que mañana tendrá por falso o victorioso; con su sensibilidad, ama ahora lo que al punto ha de aborrecer y se entusiasma al presente por lo que luego le ha de irritar.

 

…La sensibilidad  hizo llorar a las mujeres de Jerusalem al ver a Jesús encaminarse al  lugar del suplicio con la cruz en hombros; el sentimiento  hizo  a un hombre, Simón, por sobrenombre Pedro, llorar entonces mismo y después toda la vida, su pecado” (1970/1)

Hoy nos parece evidentemente inoportuno y desacertado el recurso comparativo utilizado en este texto. Pero igualmente innegable es que  el objetivo de Sabino Arana, al igual que el de los Padres de la Patria contemporáneos suyos que lograron la conformación e independencia de tantos países americanos y europeos, fue la independencia de Euskadi, y “alcanzar la salvación celestial del pueblo vasco” como si “la finalidad última de su doctrina (fuera) es religiosa y ultraterrena, y no política” (José Luis de la Granja, El Nacionalimo Vasco, pág. 35).  Y desde esta su perspectiva recurrió también al uso de críticas, pedagógicas, contra quienes fueran traidores a Euskeria (Patria Vasca):

 

“Avidos de gloria y de honores exóticos los Señores de Bizkaia, enlazáronse con mujeres españolas de noble estirpe….”. (Pág. 116)

 

“No es buen hijo quien levanta el brazo para abofetear a su madre, ni es buen patriota quien, al hacer el recuento del ejército de la Patria, es sorprendido en las filas del enemigo”. (`pág. 1767)

 

Y en esto, en los deberes para con la Patria, no hace distinción alguna entre hombres y mujeres. Pocas veces se podrán leer texto de tanta crudeza como la que describe a algunos bilbaínos como “falsos y traidores a Bizkaiya”,

 

            “que bajo la levita del caballero ocultan un corazón ruin y las pasiones más bajas y rastreras, indignas de quienes llevan en las venas sangre de la noble raza euskeriana, ven en todo lo que trascienda a patriotismo, a un espíritu fuerte y levantado y  a sentimientos generosos, algo que no simpatiza con su villano temperamento, algo que algo que estorba a su nombre, adquirido, ¡miserables!, a fuerza de besar los pies al dominador, y popularizado entre el pueblo incauto; algo que obsta a su femenil pasión de la vanidad al afán de figurar, y algo que pudiera obstar a sus intereses, porque saben que las grandes ideas posponen a los intereses morales y verdaderamente patrios los mezquinos materiales. Y respecto a las mujeres: “Viles y cobardes mujerzuelas, y tan faltos de dignidad humana y aun de urbanidad natural como abundantes de ordinario en pujos aristocráticos, se arrastran como reptil, se ocultan como la zorra y en el silencio y en la obscuridad cometen sus infamias y villanías” (pág. 323/324)

 

 

 

Pero al mismo tiempo, en este texto sentenciador justiciero y misógino (nos podemos preguntar si incluso en el siglo XIX la vanidad era característica exclusivamente femenil) resulta interesante su valoración de que el hombre es más culpable que la mujer, puesto que él es el “señor de la casa”. Así, se pregunta:

 

¿Tienen ellas la culpa? No cabe dudarlo, puesto que voluntariamente aceptan el contagio. ¿Pero ¿qué mucho que la débil mujer sea seducida, si el hombre que  la dirige está ya  extraviado? (1995/6)

 

En palabras del historiador Luis de Guezala, la “derrota militar, derrota política, industrialización, proceso de aculturación y desmoralización son, en suma, los principales factores del contexto histórico vasco de finales del siglo XIX que hay que tener en cuenta a la hora de abordar e interpretar el pensamiento de Sabino de Arana y Goiri…(Como aproximación a la problemática social, basta recordar que) “En tan solo diez años, entre 1887 y 1897, Bilbao duplicó su población, pasando de tener 37.866 habitantes a 74.076; Baracaldo la triplicó, pasando de 4.705 a 12.796, y Sestao llegó a multiplicar por nueve, pasando de 1074 a 9.084 habitantes”.

 

Junto a estas causas de la situación socio-política que travesaba Euskadi, Arana observaba la existencia, negativa para la independencia de Euskadi, de una importante emigración vasca hacia América, tan criticada también por su contemporáneo alavés Colá y Goiti en su libro La emigración vasco-navarra (188).Y la criticó porque para él estaba

“impulsada no por el espíritu aventurero; ni les mueve exclusivamente el cebo de las grandes fortunas adquiridas misteriosamente; su éxodo –dice- está motivada por el hambre. El hambre, que les sale al encuentro en donde hay hartura, porque somos tan estúpidos que desechamos a la de casa por el de afuera” (P. 1692).

Para Sabino Arana no había más solución que la independencia, y para lograrla entiende que Euskadi debe  tomar “conciencia de nosotros mismos”, y como tener “la tiene, se ha dado –dice- al elemento histórico y a la tradición una prestigiosa importancia en la vida social y política del pueblo vasco (consciente de que) 

 

Vivir en gloriosas tradiciones y alimentarse del espíritu de ellas, ensancha el corazón de los creyentes y poetiza la vida,…pero en los prosaicos tiempos que corremos no da calor a los estómagos y puesto que con los estómagos se vive….nada mejor que penetrar en el terreno de las reivindicaciones euskerianas por la puerta del modernismo, acompañadas por las doctrinas corrientes…” (P. 1703)

 

A tal fin destina toda su actividad política y todas sus reflexiones. Unas veces recurriendo a argumentos filosóficos e históricos en que en su época se fundamentaban las esencias de un PUEBLO (raza, lengua, historia, tradiciones). Y con esta perspectiva se plantea también el modelo de mujer y sus funciones. Evidentemente, sus posicionamientos no pueden definirse como progresistas, ni mucho menos, en lo que respeta a la proyección social  - no doméstica - de la mujer.

 

Simplificando el pensamiento ideológico de Europa de su época, podríamos afirmar que dos eran las grandes corrientes de pensamiento: el liberalismo y el conservadurismo, y que a Sabino Arana  se le sitúa en éste último. Pero no por ello se puede concluir que sea más misógino que muchos otros liberales que tantas barbaridades expusieron sobre el género femenino. Ciertamente, Sabino Arana también las dijo, aunque llama la atención, una vez más, que los historiadores dediquen tan páginas a la crítica antinacionalista, sin contextualizar a Arana en medio de aquella España ultraderechista. Ciertamente, podemos citar la carta que escribió a su amigo Angel Zabala el 13 de noviembre de 1897, en la que le decía:

 

…”la mujer no ama… no le tiene al hombre más que por necio, por liviano, por cobarde o por perdido, según los casos…no sabe más que ser desagradecida, aborrecer, no amar y perseguir… Estos defectos de esta mitad del género humano son ingénitos e inseparables de su sexo: si la mujer, con lo vana que es, amara, el mundo sería una orgía continua y de sus locuras estaría saturada la vida social; y si es vana e inferior al hombre, es decir, si no tiene tanto seso y corazón que éste, es porque, de suceder lo contrario, la lucha entre el hombre  la mujer sería terrible desde el hogar doméstico hasta las esferas más elevadas del gobierno de los pueblos”.

 

Pero, para la comprensión global de su pensamiento, podríamos igualmente recurrir a otros textos que muestran lo contrario. Como muestra, tres ejemplos:

 

LIBE, personaje de su obra de teatro del mismo nombre, inicia la primera escena dirigiéndose a las flores de su jardín, con una argumentación opuesta a la que se expone en la carta citada anteriormente, aunque sin superar, metafóricamente, que la mujer se debe al hombre :

 

“Florecillas puras y olorosas, ¿para quién tan lindas? ¿A quién ofrecéis vuestro suave aroma y vuestras galas? Vosotras AMÁIS ¿no es verdad? Ay! También yo….siento no sé qué…que nunca he sentido” ((Pág. 2015/2016)

 

Igualmente contraria al contenido de la carta, este diálogo:

 

 “ Tengo es gusto de anunciarte mi próxima boda”.

-          ¡Enhorabuena! ¿Con Luisita?

-          ¿Con quién había de ser?

-          ¡Te conquistó, por fin!

-          Es un ángel. (P. 1981)

 

O su última poesía, dedicada a su mujer, escrita en la cárcel el 3 de junio de 1902:

 

Ezkon samurra, (Tierno matrimonio)

Ezti gozua,         (Dulce miel)

Urre-bijotza.      (Corazón de oro)

Akusanat atsege,(Te veo triste)

Bakar, gautegun negarrez.(Solitaria, lorando dia y noche)

Auxe min utza. Ez ¡arren! Ein negar. (Qué dolor. No llores, por favor)

Eugaz lotu don or nire bijotza (P. 2412) (Ahí unes mi corazón contigo)

 

La lectura de éstas y otras de sus referencias me ha proporcionado una visión menos crítica que la de argumentos, por ejemplo, del renombrado historiador del Nacionalismo Vasco, José Luis De la Granja, que parece más obsesionado en exponer argumentos sobre el misoginismo de Sabino, que en  presentar una visión, comparativa, de cómo concebían los derechos de la mujer los políticos e intelectuales de su época, llegando hasta el extremo de adjudicarle textos cuya paternidad sabiniana no sólo no está probada, sino que está negada. (Mercedes Ugalde, Mujeres y nacionalismo vasco, pág. 45). Evidentemente, es claro que en sus escritos no se describen actividades fuera del ámbito doméstico más en contadas ocasiones, como son los casos de la participación en la mítica batalla de Arrigorriaga o la participación de la señora adinerada en la organización de Congresos. Aunque en este último caso, se posiciona de forma crítica:

 

“…parte del sujeto de los Congresos, siquiera simplemente explotadora, es la mujer, sólo la aristocracia y la adinerada, por supuesto, o aquella que tribute culto a la aristocracia o al dinero, lo cual vale lo mismo, pues también entonces mirará  con  desdén (¡educación cristiana!) a la condición llana  y humilde”. (P. 2205.

 

En cualquier  caso, es evidente que sus reflexiones responden a la mentalidad de la época, con asignación de funciones como cuidadora del hogar, educadora de los hijos en la triple dimensión de humana, religiosa y política. Así, con la declaración de que “el vasco es poco platónico y seriamente respetuoso para con la mujer” (Pág. 2206), la define de la siguiente forma:

 

“La mujer vasca, en el campo, trabaja como el hombre. Es bella, con una belleza que ha perdido sus delicadas formas y se ha hecho varonil a los rudos golpes de la laya y se marchita para los treinta años. Pero es más bella de alma.

 

La mujer vasca, en la población,  es hacendosa y honrada como en el campo. Sus virtudes se revelan en su vestir: elegante en el gusto, modesto en el precio, sobrio en los adornos.

 

Bella y delicadamente gentil es entonces la que en el campo habría sido varonilmente  apuesta. Pero ¡qué musa podrá cantar moral de la mujer bilbaína! Su amor y fidelidad conyugales; su adhesión al hogar; el cariño a sus hijos a quienes cría y educa cristianamente por si misma; su acertada dirección en el gobierno y administración de la casa; su seria piedad exenta de mojigatería; su caridad para el desvalido; su trato llano y sencillo….¡qué pluma podrá describir tantos encantos como encierra su cristiano corazón! (Pág.1995/6).

 

Textos semejantes pueden encontrarse en la literatura española, por ejemplo en la novela de De tal palo, tal astilla, (1880) de José María Pereda:

 

“¿Qué es un hogar sin esa luz y sin ese calor? ¡Cielo santo! Yo me imagino una familia que jamás invoca el nombre de Dios. ¡Qué cárcel!..., ¡qué lobreguez! Aquellos dolores sin consuelo; aquellas contrariedades sin la resignación cristiana; aquellos hijos creciendo sin mirar jamás hacia arriba; aquellos niños sin el culto a la Virgen; aquellos labios de rosa mudos para la oración al Ángel de la Guarda..., ¿en qué se emplean? Porque, ¿qué puede enseñar una madre a sus hijos en esa edad, si no les enseña a rezar?”.

 

En Sabino Arana también se da esta conjugación de la educación y la concepción religiosa. Exponente de la importancia que daba a ambas características es su artículo “La Libertad en Francia”.

 

…”Y las 2.500 escuelas….serán cerradas: 6.000 Hermanas, a cuya dirección y cuidado les ha puesto la caridad de los pocos ricos que se acuerdan del pobre, quedarán en la calle; y los 170.000 niños y niñas que recibían, a la vez que el trato maternal, la educación cristiana, que es la única que hace dignos ciudadanos y buenas madres de familia; o se verán privados de la enseñanza…..o tendrán que trasladarse a las escuelas del Estado, donde no oirán jamás la palabra de Dios y si la oyen habrá que ser sólo para enterarse de que el nombre de un mito, un nombre vano y huero que carece de significación” (Pág. 2202)

 

En la proyección patriótica de la mujer resalta, además de la valentía y fortaleza que exponía sobre su actuación en la batalla mítica de Arrigorriaga, la fidelidad y el cuidado del marido. Así redacta su comentario:

 

“El aseo de los bizkainos es proverbial (recordad que cuando en la última guerra andaban hasta por Nabarra, ninguna semana les faltaba la muda interior completa que  sus madres o hermanas les llevaban  recorriendo a pie la distancia)….(P. 628)

 

Una vez más Arana recurre a un sistema de argumentación en que todo debe estar orientado hacia la perspectiva patriótica de Euskadi. Es consciente de que los movimientos migratorios conllevan como consecuencia la interculturalización, la interracialidad. Pero quiere resistir la actitud uniformizadota de las políticas impositivas españolas, y  para ello expone argumentos a favor de que los hombres y las mujeres vascas no se casen con personas procedentes de territorios no vascos, tomando como extranjero  a toda persona  extraña, forastera o foránea. (Cabe preguntar si no acontece algo similar con los matrimonios étnicos y/o de clase que incluso hoy se dan en los países con culturas progresistas). Y se posiciona contra quienes aún defendiendo el hogar (la familia) como valor importante (vuelve a insistir en las perspectivas de la época), no reconocen al Pueblo Vasco como tal. Así, a la declaración del Conde con

 

“En vuestro hogar busco mi felicidad, la virgen que me ha vuelto loco es vuestra hija, señor”

 

En boca de la personaje vasca Libre pone argumentos como

 

“Mi padre ha negado mi mano a un hijo de Vizcaya. El más firme patriota ¿habría de dar su hija a un extranjero?”.

 

O aquellas otras razones de Libe:

 

            “Admiro y venero tu patriotismo. También en mi pecho late amor intenso a mi patria…Nieta soy de héroes que, en Gordexola y Otxandiano, para contener las invasiones del Rey castellano D. Pedro, gloriosamente sucumbieron o coronaron las sienes con el laurel de la victoria….Yo también… mujer soy y débil…mas ¡con cuánto gozo diera mi vida por mi Vizcaya, como tú la expones por tu Castilla” (Pág.2025).

 

Y en otra escena, respecto a Libe:

 

“ !Libe! ¡Hermosa Libe! ¿Por qué has venido a la batalla?  El luchar es de hombres, y tú, la más tierna y más dulce de nuestras doncellas, ¿quisiste luchar? Tu padre no tiene más prole. ¡Oh, eres hija digna de Bizkaia!...Ahora, si mueres, tu recuerdo será para nosotros más venerable aún que el de esposa e hija: será el recuerdo de una mujer que muere por su patria”. (Pág. 2035).

 

En esta exaltación de la función –y virtud- patriótica de la mujer, en una de sus poesías recurre a la terminología  “Madre Patria” o “Madre Rusia” de otros ámbitos políticos, o incluso artísticos, como es el caso de la obra pictórica "La Madre Patria" de William-Adolphe Bouquereau (1825-1905). En su poesía Bizkaitarrak gara expresa este sentimiento:

 

            “Geure ama danaren                  (Somos hijos de la que nuestra madre;

            Geu gara semiak;                        Siendo ella Bizkaia,

            Bera Bizkaya dala,                      los Bizkaitarrak somos suyos).

            Geu gara beriak, Bizkaitarrak.

 

 

 

 

 

 

 

Conclusiones

 

1)      Sabino Arana, como todo ser humano, es hijo de su tiempo. Nace y vive en un ambiente conservador, con un proyecto político a favor de la independencia de Euskadi para liberarse de las políticas impositivas centralizadoras españolas que en su opinión  peligraban el futuro del Pueblo Vasco. En esta situación, en los inicios de este su proyecto, la independencia era la única solución, al igual que la consiguieron en ese mismo siglo las colonias españolas y diversos Estados europeos.

2)      En el tema mujer, sus perspectivas son conservadoras, producto de la opinión generalizada al respecto, tanto en los líderes políticos españoles y en bastantes de los revolucionarios liberales, como en los dirigentes de la Iglesia.

3)      Su conservadurismo es entendible –aunque no justificable desde las perspectivas actuales- si se tiene en cuenta que incluso las reivindicaciones de los movimientos feministas surgieron, al menos en España, en fechas tardías del siglo XIX.

4)      En cualquier caso, en un ejercicio comparativo de sus reflexiones con las de líderes políticos e intelectuales españoles contemporáneos, sus planteamientos, en términos generales,  son mucho más respetuosos. De aquí que a un año de su muerte (1905), “”la iniciativa de permitir la incorporación de las mujeres a su movimiento surgió de la organización juvenil del PNV y, más concretamente, del semanario Aberri, órgano de Juventud Vasca de Bilbao…En su número del 11 de agosto de 1906, les propuso salir de su anonimato llamándolas a colaborar con sus escritos en el semanario” (Mercedes Ugalde, Mujeres y nacionalismo vasco, pág.53).

5)       Es criticable la actitud de quienes no  contextualizan sus textos históricamente por tratarse de una estrategia de minusvaloración del nacionalismo, cuando en realidad  la oposición –y la negativa- de los derechos de la mujer era común en el mundo mundial. Basta recordar las fechas en que fue aprobado en cada país el derecho al sufragio universal: Nueva Zelanda (1893), seguido de Australia (1901) y Filandia (1906), Noruega (1913), Suecia (1921), Estados Unidos (1920) Argentina y Uruguay (1927), España (1931).

 

Josu Legarreta

Marzo, 2015

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